domingo, 25 de junio de 2017

Amiga

Azul, grisáceo, sereno. Son los tonos con los que inicia el día. Lo disfruto, lo contemplo y lo descanso. Me gusta, por su puesto, ¿lo deseo?, claro; es sólo que algunas veces a través de mi ventana, se asoman los rayos de luz que reflejan los días en los que estaba contigo. Sí, hay una parte que recuerda pasión y calidez, una sensación única e irrepetible. Pero hay otra por dónde se asoma tu risa, tu bienestar y tu compañía. Aquella que sin pena plasma una sonrisa en mi cara y que se va transformando en alegría; cuyos pensamientos negativos se transforman en entusiasmo. No puedo mentir, si te dijera que también fuiste mi amiga.

Ya no puedo permitir que las manchas de la tristeza acaparen mis pensamientos. Ni que el reflejo de los vidrios  rotos dibujen mi mirada. Hoy me desperté feliz porque soñé contigo y tenía que decírtelo. Recordé no a una antigua pareja, sino a una amiga. A alguien que podía cambiar la tristeza en alegría, y que podía plasmar por siempre su sonrisa en un rayo crepuscular. Yo recuerdo que tu podías tomar los rayos del sol, y cambiar sus tonos. Enmudecer a la lluvia para heredar su voz.


Te agradezco mucho haberme dado la oportunidad de convivir contigo. Amiga.


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